Entre titanes y dragones de niebla

Serpientes y otros reptiles en México – Parte II

Uno lanza el lazo, el siguiente toma el relevo por si el primer tiro falla, y el tercero, armado con un palo, vigila que el cocodrilo no se acerque demasiado. Queremos capturarlo, sí, pero el contacto debe seguir nuestras pautas, es decir, en el momento en que sea seguro tanto para el humano como para el animal.

Tal vez pienses que suena sarcástico; después de todo, un cocodrilo siempre es peligroso. Sí, absolutamente verdad. Pero incluso a estos animales se les puede manejar con mayor o menor riesgo. Como estamos en México, Miguel decidió que este era el lugar perfecto para aprender algo nuevo. Por casualidad, dio con un curso de manejo de cocodrilos. Así que, ¿por qué no intentarlo?

Incluso los animales más dóciles pueden volverse peligrosos según la situación. Sin embargo, ante estos reptiles masivos, el peligro te salta literalmente a la cara. Y como Miguel ya había capturado pequeños caimanes a mano en Bolivia, ahora queremos aprender a dominar a los ejemplares más grandes utilizando herramientas.

Una estrella de la herpetología

Miguel y yo asegurando y midiendo el cocodrilo de río según las indicaciones de Jerónimo. Yaz apuntando los datos. Muchas gracias a ©Comaffas por las fotos.

Así conocemos a Jerónimo, un hombre robusto de pelo largo recogido en una coleta y con dientes de cocodrilo al cuello. Junto a su equipo, dirige la ONG Comaffas. Todo empezó con los cocodrilos, pero hoy son expertos consagrados en el manejo de reptiles y dirigen un centro de rescate para todo tipo de especies: serpientes, lagartos, guacamayas, osos hormigueros, martuchas… en fin, cualquier animal que necesite ayuda.

La mayoría de los animales son liberados en la naturaleza en cuanto se recuperan y pueden sobrevivir por sí mismos. Otros no les queda otra que quedarse para siempre. Como el cocodrilo de río Canelo, que debido al maltrato sufrió una fractura de mandíbula, no puede abrir la boca más de 10 cm y, por lo tanto, es incapaz de cazar. A algunas aves les cortaron las plumas de las alas; la libertad significaría para ellas una muerte segura. O son animales importados, no endémicos, que no pueden introducirse.

Jerónimo comenzó su carrera como biólogo contando cocodrilos. Gracias, entre otras cosas, a sus análisis, se establecieron áreas protegidas y leyes para salvaguardar a las poblaciones silvestres. Puede sonar cínico, pero el hecho de que se permita la cría legal de cocodrilos en granjas para la producción de carne y piel ha ayudado a las poblaciones salvajes. Esto se debe a que estas granjas solo pueden operar mientras exista una población mínima en libertad. Gracias a esto, la caza furtiva disminuyó drásticamente y el cocodrilo de pantano, por ejemplo, desapareció de la Lista Roja de especies amenazadas.

Tres especies de cocodrilianos en México

México alberga tres especies: por un lado, los cocodrilos verdaderos, el de pantano y el de río (Crocodylus moreletii y acutus), que viven en aguas salobres y dulces. Y, por otro lado, una especie de caimán nativa, el caimán chiapaneco (Caiman crocodylus chiapasius), que habita en lagos y ríos. Las tres especies juntas solo se encuentran en el estado de Chiapas, al sur de México.

A practicar tirar el lazo con el troncodrilo.
En acción. ©Comaffas
El aligator del Mississippi asegurado con cuerdas y Cora agarrándolo desde las patas traseras. ©Comaffas

Mientras el cocodrilo es lo suficientemente pequeño, se le sujeta con firmeza directamente por el cuello. Luego se le asegura el hocico con cinta aislante. Así, el animal puede seguir respirando, pero ya no puede morder. El mayor peligro queda neutralizado, pues incluso un ejemplar pequeño arranca un dedo de un bocado. Así asegurados, se registran los datos para el estudio: tamaño, peso, sexo. En libertad, también se les marca para su posterior identificación.

Aquí, en el centro de rescate, aprovechamos la oportunidad para limpiar los recintos y llenarlos con agua fresca. A algunos ejemplares se les extrae sangre. Para mantener el estrés al mínimo, esto ocurre con menos frecuencia de lo que se cree, generalmente solo una vez al año.

¿Cocodrilo o caimán? Reconoce rápidamente las diferencias:

  • Morro: El cocodrilo tiene forma de V (alargado), el caimán forma de U (ancho).
  • Dientes: En el cocodrilo se ve el cuarto diente de la mandíbula inferior cuando tiene la boca cerrada. En el caimán, los dientes inferiores están ocultos.
  • Agua: los cocodrilos toleran el agua salada gracias a unas glándulas salinas; los caimanes, en cambio, dependen del agua dulce.

Un corazón con dientes

Para reducir aún más el estrés, les colocamos un paño sobre los ojos. Al no ver nada, todo su sistema se ralentiza. En este modo de supervivencia instintivo, desconectan sus funciones, una de las muchas tácticas que estos maestros de la adaptación han perfeccionado durante 200 millones de años. Una de sus maravillas anatómicas es el foramen de panizza, una válvula “dentada” que controlan activamente y se encuentra en el ventrículo derecho del corazón. Bajo el agua, pueden cerrarla para evitar que la sangre se dirija a los pulmones. La sangre pobre en oxígeno vuelve directamente al torrente sanguíneo y al estómago. Esto no solo les permite bucear durante más tiempo, sino que el aumento de acidez en la sangre facilita la digestión.

¿Trabajo en equipo o terapia de pareja?

Con los cocodrilos grandes, dos manos no bastan; aquí se requiere el uso del lazo y un trabajo en equipo preciso. Desde la distancia, se cierra el hocico del animal con cabos. Los cocodrilos tienen una fuerza enorme para cerrar la mordida, pero apenas tienen fuerza muscular para abrir la boca y menos contra resistencia.

Se necesita práctica para acertar el tiro, pero al cabo del tiempo damos con el objetivo. Después lo arrastramos a tierra firme, donde dos personas lo aseguran, siempre desde la cola hacia la cabeza. Se empieza sujetando las patas delanteras con las rodillas y se ejerce presión sobre la espalda, pero sin sentarse completamente sobre él. Una segunda persona hace lo mismo con las patas traseras.

Se necesita cuatro personas para levantar un ejemplar de 80 kilos. ©Comaffas
Contando las escamas de un pequeño cocodrilo moreletii o de pantano para observar el crecimiento. ©Comaffas
Mucha confianza y fuerza son necesarias para levantar un pequeño aligator del Mississippi. Comaffas también acoge animales no endémicos de la zona. ©Comaffas

La piel es como un cuero frío y labrado: firme, seca y sorprendentemente limpia. Una vez asegurado el cocodrilo, se procede a la medición. Para pesarlo, se le inmoviliza con cuerdas; aunque parezca algo bárbaro, sirve para la seguridad de todos los involucrados. Una vez terminado el trabajo, lo devolvemos a su recinto. Ese es uno de los momentos más peligrosos.

A pesar de la técnica de nudos, siempre queda un riesgo residual: el cocodrilo nota de inmediato cuando caen las ataduras y se defiende. Miguel termina el día con las manos raspadas tras un rodeo reptiliano. Nuestros dos ejemplares de cocodrilo de río pesaban unos 80 kg y medían más de 2,5 metros; hicieron falta cuatro personas para levantarlos. El ejemplar más grande, Argos, con sus más de 4 metros, pone al límite a ocho personas fácilmente. ¡Ese nivel preferimos dejarlo para otra ocasión!

Después de dos días nos despedimos con las rodillas raspadas y moretones, pero orgullosos con nuestro certificado de «expertos oficiales en manejo de cocodrilos» en nuestras (casi) ilesas manos.

En busca del dragoncito

Nuestro camping en el bosque nuboso de Zacatlán, parece otoño en febrero.

Del calor de Chiapas nos dirigimos hacia las frescas montañas de México. Buscamos un reptil poco común, un pequeño dragón: el Dragoncito. Este lagarto arborícola es el polo opuesto del cocodrilo: una especie relajada y pausada de colores resplandecientes. Aquí no hay fauces gigantes que puedan devorarnos, su única defensa es su camuflaje perfecto.

Comienza una búsqueda del tesoro a través del frío bosque de niebla, con un repentino frente invernal incluido. No son precisamente las mejores condiciones para encontrar animales de sangre fría. En la zona de Zacatlán apenas hay turistas extranjeros. Sin embargo, al final de un aventurado viaje por la montaña, encontramos un lugar donde pasar la noche. En un restaurante de montaña, la abuela sirve sopa de tortilla caliente, y el campamento ofrece el lujo de una ducha de agua caliente calentada con leña. A casi 3 °C, es una bendición.

Como turistas suizos, atraemos todas las miradas; parecemos cuerpos extraños. Además, no solo se nos congelan los pies, sino que estamos, por así decirlo, encerrados. El país se encuentra en estado de excepción: hay bloqueos de carreteras debido a la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Pero los chicos locales no se dejan intimidar y nos ayudan a buscar al Dragoncito.

El género Abronia

El género Abronia es endémico de México y está en peligro de extinción. Su hábitat continua disminuyendo y, debido a sus brillantes colores azulados y verde-amarillentos, son lamentablemente muy codiciados como mascotas. Además, son totalmente inofensivos y, para ser honestos, bastante tiernos. O sea, una presa fácil.

Y entonces, entre tanta niebla, los chicos encuentran finalmente un ejemplar. Las escamas brillan con un verde turquesa con amarillo que parece casi artificial.

Un abronia. ©M.Schumacher

Es fascinante: mientras que en el manejo de cocodrilos trabajamos empapados en sudor y adrenalina, la búsqueda del Dragoncito requiere una paciencia casi meditativa.

Observamos al animal durante un rato. Se desplaza balanceándose, avanzando lentamente. Con ello imita a una hoja movida por el viento, un camuflaje prodigioso. Estos lagartos son vivíparos, una adaptación al frío de los bosques de altura donde los huevos simplemente se congelarían en el suelo. Es un nicho especializado que les ofreció protección durante milenios, pero que hoy los hace extremadamente vulnerables. Si se tala su pedazo de bosque, no tienen donde mudarse.

Nos quedamos allí hasta que ya no podemos mover los dedos por el frío; pero incluso para eso, los chicos tienen una solución: la hoguera que usan para calentar el agua ya está encendida.

Los chavales están orgullosos de habernos podido mostrar su dragón. Para ellos es parte de una cotidianidad de cuyo valor no son del todo conscientes; para nosotros, es un momento privilegiado en un mundo que pende de un hilo.

©M.Schumacher
©M.Schumacher
La hoguera que calienta el agua de la ducha.

A la mañana siguiente emprendemos el regreso. Los bloqueos en las carreteras se han disuelto y la niebla de las tierras altas se queda atrás. Lo que permanece es el contraste: en los huesos aún sentimos la fuerza pura de los cocodrilos de las tierras bajas y en la cámara nos llevamos las fotos de las frágiles abronias de los bosques de niebla.

México se ha mostrado en todo su esplendor: la fuerza imponente de los cocodrilos, lagartos coloridos y poco comunes, culebras cavernícolas que cazan murciélagos y serpientes de cascabel que buscan un transporte. Y eso que aún quedan muchísimas especies más por descubrir en este país.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *