CV y PVC: visitando los menonitas

Con un poco de esfuerzo y gracias a la práctica, consigue encajar perfectamente el tornillo en la placa de forma mecánica. Miguel también lo intenta: el suyo queda un poco torcido. Pero entra y sale sin problemas, y todo esto sin necesidad de un taladro eléctrico.

Ya en Bolivia y Paraguay habíamos pasado cerca de comunidades menonitas, pero de alguna manera nunca nos desviamos para visitarlas. Esta vez estamos tan cerca que la curiosidad nos puede.

Estamos en Belice, en una comunidad menonita. Hay muchos grupos en el país: algunos más tradicionales y otros más modernos; unos con carruajes de caballos y sin electricidad, y otros con tractores gigantes y grandes ferreterías.

¡Bienvenidos a Springfield!

Entrada a Springfield

A la entrada del pueblo hay un cartel: «Vestir decentemente». Así que Cora se pone una blusa sobre la camiseta de tirantes.

Despacio nos recorremos el pueblo, nos cruzan carruajes a buena velocidad. Hay carpinteros trabajando y una pequeña tienda de autoservicio que nos recuerda a Suiza (la última vez que vimos algo similar). Las personas, en su mayoría rubias y de ojos azules, sonríen y nos saludan.

Las mujeres llevan vestidos azules; los hombres visten pantalones negros con tirantes sobre camisas blancas. La mayoría también lleva un sombrero o una cofia.

Vemos unos molinos de viento y muchos niños por todas partes, todos ocupados. Nos detenemos en un aserradero. ¿Se supone que todo esto funciona sin electricidad? Casi no podemos creerlo.

Huida al Nuevo Mundo

Los menonitas son una iglesia libre evangélica que se remonta al movimiento cristiano anabaptista surgido en Zúrich alrededor de 1525. Consideran la Biblia como la fuente decisiva de la fe cristiana, pero a diferencia de Zwinglio y Lutero, solo reconocen el bautismo cuando los creyentes deciden conscientemente dar el paso; es decir, no practican el bautismo de niños sino de adultos.

Ya en sus primeros años, el movimiento anabaptista era muy pluralista. Los menonitas fueron influenciados significativamente por Menno Simons. Este neerlandés predicó una teología conscientemente pacifista y dio nombre a la comunidad. Los Amish se separaron en 1693 de los menonitas suizos y alsacianos, tomando el nombre de su fundador, Jakob Ammann.

Los anabaptistas fueron oprimidos y perseguidos en Europa. Por ello, figuraron entre los primeros emigrantes a América en los siglos XVII y XVIII. Desde entonces se han asentado por toda América, aunque la mayoría vive en Pensilvania, EE. UU.  e incluso siguen hablando lo que se conoce como el alemán de Pensilvania. Los asentamientos de América Latina se fundaron recién el siglo XX, el de Belice data de 1958.

Los menonitas de la antigua orden, los que se desplazan con coches de caballos, destacan porque solo adoptan innovaciones técnicas tras un examen exhaustivo dentro de su comunidad que analiza si la tecnología pone en peligro la unión comunitaria. Para ellos cuenta, sobre todo, la cohesión de su grupo. Todo lo que pueda amenazarla se rechaza dentro de la comunidad. Por eso, algunos viven sin electricidad, mientras que otros lo hacen en casas ultramodernas.

Un aserradero, un carpintero y un constructor de casitas

Mucho tráfico: carruajes.
Taller de carpintería con motor a caballos (rampa a la izda) o hidráulico (caja a la dcha).
Sierra del aserradero, véase el carusel de caballos en la foto principal.

Ruben está reparando una sierra cuando nos acercamos a hablar con él. Habla español, inglés y alemán de Pensilvania. Su familia llegó a Belice hace 30 años desde Paraguay. En aquella época, se les robaba continuamente a los menonitas en Paraguay y como ya existía una comunidad en Belice, emigraron allí.

Nos enseña las sierras. ¿El motor? CV, pero con caballos de los de verdad. Los animales hacen girar un carrusel que a su vez acciona las sierras. Sin embargo, tienen una solución de respaldo por si no hay caballos disponibles: energía hidráulica. Hacen pasar agua con alta presión a través de sus tuberías de PVC y la fuerza que producen es suficiente para operar incluso máquinas de carpintería modernas. Exactamente como en Europa, pero sin electricidad.

Para esta comunidad, la electricidad es un peligro para la cohesión y, por eso, la rechazan conjunto a todo lo eléctrico.

Ruben nos envía a ver a su hermano Martin, que es carpenter. Martin está sacando un poste del suelo junto a sus tres hijos varones. Su mujer y los otros tres hijos están al lado. Les interesa tanto nuestras vidas como a nosotros la de ellos.

Hablamos en alemán; un idioma que aprenden en la escuela ya que la Biblia la leen en alemán. Mientras que en casa hablan el alemán de Pensilvania, una variedad altogermánica que se asemeja al dialecto del alemán del Palatinado entremezclado con anglicismos adaptados al alemán, por lo que al carpintero le dicen carpenter y no Schreiner, o farmean sus tierras (del inglés to farm).

Nos cuesta un poco entenderlos cuando hablan en su dialecto, pero aun así nos comunicamos bastante bien. Cuando hablan alemán estándar también se les nota la antigüedad en algunas palabras y variantes. En cualquier caso, podemos comunicarnos; de lo contrario, también hablarían español e inglés.

¡Ajá, pillado!, ¿o no?

En otra parte del pueblo hay un joven construyendo cabañas… ¡e instalando enchufes! «¡Pillado!», pensamos. Pero las cabañas de madera no son para uso propio, sino que se venden. El trabajo está bien hecho y las cabañas terminadas las cargan en camiones para venderlas a gente de fuera.

Nos hacen muchas preguntas y nos sorprende cuánto saben y cómo utilizan la tecnología moderna. Piden piezas en Amazon a través de terceros, ya sean puertas o tuberías de PVC. También tienen cuentas bancarias y hablan por teléfono con sus familias en EE. UU., aunque no con móviles propios.

Carretera en Spanish Lookout.

El aparcamiento de caballos junto a la parada de autobús

Si les toca visitar algo más lejano, van en carruaje hasta el cruce principal, dejan el caballo en el aparcamiento de caballos y se suben al autobús. Tienen permitido usar medios de transporte, pero no conducirlos ellos mismos.

¿Cómo es esto para ustedes?, preguntamos. «Normal», responden, pues no conocen otra cosa. Cierto, podríamos haber caído en la cuenta: solo nos resulta extraño a nosotros. Y a ellos probablemente les resulte extraño nuestra manera de vivir.

Otras comunidades menonitas lo han resuelto de forma distinta. Tienen sus misas anabaptistas, como en Spanish Lookout, pero también disfrutan de todas las comodidades de la vida moderna.

Conducen vehículos grandes, tractores gigantes, producen carne en granjas de engorde y cultivan campos inmensos en zonas deforestadas. Es una imagen algo distinta a la de Springfield. Pero en cierto modo normal: en 2015, el Congreso Mundial Menonita contaba con 2,1 millones de anabaptistas; y con tanta gente también hay muchas formas distintas de vivir. Solo unos 65 000 pertenecen a la antigua orden, aunque es un grupo que crece constantemente debido a la gran fertilidad.

Tienda de autoservicio en Springfield.

Unas horas más tarde, después de que también nos acribillaran a preguntas sobre China (donde piden muchos productos) y Europa, seguimos nuestro camino. No nos quedamos a dormir allí porque no queremos abusar de su hospitalidad.

Antes de salir, nos detenemos en la tienda de autoservicio. Nos llevamos un bote de pepinillos en vinagre. El pago se basa en la confianza. El cambio está disponible abiertamente en la caja, que ni siquiera tiene llave. El dueño de la tienda nos comentó antes, cuando nos saludó en la calle, que habían escuchado hablar de un sistema de autoservicio y quisieron probarlo por sí mismos. Les funciona de maravilla y la caja siempre cuadra.


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