Un viaje en el tiempo: En busca de fósiles en el centro oeste de EE. UU.

En el interior del desierto del altiplano comienza nuestro viaje en el tiempo a través de las capas de la Tierra. La alta meseta en el centro oeste de EE. UU. fue una vez un mar tropical rodeado de helechos en lugar de palmeras. Hoy en día solo queda matorral seco rozando las rodillas. El calor que alguna vez irradiaba esta zona es inimaginable ante la tormenta de nieve que nos acecha y nos obliga a pasar varias noches heladas en el punto más bajo del valle.

Sin embargo, el árido paisaje desértico actual es el terreno perfecto para conservar los restos del antiguo mundo de los dinosaurios. La exhibición del Monumento Nacional Dinosaur es solo el ejemplo más espectacular, pero hay muchos otros tesoros escondidos entre piedras por todos lados.

KM 0, hace 150 millones de años

La pared de huesos

Cora y el fémur de un Camarasaurus. Y aunque tampoco es que ella sea muy alta, uno se siente enano al comparar las dimensiones.

Cora se coloca al lado del fémur de un Camarasaurus adulto: le sobrepasa. En otro lado, los huesos de la columna vertebral sobresalen de la pared; aunque ya no están completamente en la posición correcta, las vértebras siguen en fila. La pared, con 1500 fósiles de la Formación Morrison, mide 24 metros de largo y unos 8 metros de alto, y esa es solo la parte que han dejado al descubierto a propósito. Los investigadores encuentran nuevos dinosaurios en el parque nacional constantemente, la mayoría de las veces esqueletos completos. Apenas se atreven a ampliar aparcamientos, porque la probabilidad de que haya más huesos justo debajo es altísima.

Parece ser que los huesos de dinosaurio están esparcidos por todas partes y a veces uno tiene la sensación de que podría tropezar con ellos en cualquier momento. Aunque la verdad es un poco más compleja, la idea no es tan descabellada.

El área conocida como la Formación Morrison estaba atravesada por un gran río. Durante las sequías, los dinosaurios y demás animales se acercaban al agua y, al morir, quedaban cubiertos de arena y lodo cuando subía el nivel del caudal. Hace unos 65 millones de años, debido a los movimientos tectónicos, toda la placa fue empujada hacia arriba; desde entonces se encuentra en un ángulo de 67 grados. Los huesos que estaban en el borde superior salieron a la luz lentamente debido a la erosión, y fue así como se volvieron visibles.

Una pared llena de huesos de dinosaurios. Una imagen más que impactante.
Además del centro de exhibición que protege una buena parte de la pared ante el tiempo, hay más paredes con huesos al aire libre.
Uno de los huesos que siguen en la pared de cerca. El descubridor los dejó así a propósito para que el público pueda apreciar la magnitud del descubrimiento.

Los yacimientos de los estados del centro oeste de EE. UU. están llenos de historia. Como la región tenía mares poco profundos y mucha pizarra, caliza y arenisca, los fósiles se conservaron muy bien a lo largo de los siglos. A esto se suma que, durante la formación del continente norteamericano, las placas chocaron y elevaron las Rocky Mountains. Esto levantó todas las capas y las acercó a la superficie.

Después de la tormenta de nieve que azota Colorado a mediados de mayo, salimos del valle de los dinosaurios y nos ponemos a buscar por nuestra cuenta. No huesos de dinosaurio —ya que está prohibido—, pero las plantas también pueden convertirse en piedra.

Con esto dejamos atrás el período Jurásico y nos sumergimos —o más bien nos cavamos— en el Eoceno.

KM 450, hace 50 millones de años

Cavando zanjas en el antiguo lago Gosiute

Hace 50 millones de años, la zona del actual sur de Wyoming estaba situada junto a un lago enorme, el lago Gosiute. En aquel entonces, los árboles crecían a lo largo de la orilla; hoy se conservan como madera petrificada a poca profundidad bajo la tierra. Nos ponemos a excavar en la tierra del Blue Forest.

Aquí también nos encontramos hoy en medio de un desierto de altura. El arbusto de la estepa, resistente a la sequía, crece en abundancia; entremedias hay arena y, de vez en cuando, un río bordeado de álamos.

Una ruta a través del impresionante altiplano a una altura siempre por encima de los 2000 m.s.n.m.
EL yacimiento en el Blue Forest. En la parte inferior central se ven las zanjas.

Nos acomodamos entre las torres de perforación de petróleo y los innumerables agujeros de buscadores anteriores. Son tierras públicas y en esta parte de Wyoming está permitido buscar madera. Eso sí, no se puede usar maquinaria; todo tiene que hacerse a la antigua usanza, cavando y picando con pala, martillo y cincel.

Nos damos una vuelta por el lugar, observamos los agujeros ya existentes y agrandamos uno de ellos. Quizás todavía queden restos. Después de un rato, volvemos a mirar a nuestro alrededor y ¡ahí está!: de un agujero de un metro de profundidad sobresale un tronco de árbol petrificado. Parece que el buscador anterior no se llevó todo.

Miguel cavando, hace frío, viento y hay muchísimo polvo.
Un pequeño trozo de madera fosilizada, incluso se ven los anillos anuales de la rama.
A Cora también le toca bajar a la zanja con martillo y cincel.

La madera petrificada también es un fósil. Muchos árboles alrededor del lago Gosiute cayeron al agua y quedaron cubiertos de forma hermética por lodo, arena y otros sedimentos. El agua se sigue filtrando por el suelo y transporta minerales. Estos también fluyen a través del tronco del árbol, dejando una parte atrapada en la madera. Como el proceso es tan lento, el material inorgánico (es decir, los minerales) «reemplaza» la estructura de la madera orgánica que va sustituyendo. De este modo, la forma del tronco se mantiene y se tiñe con los colores de los minerales.

En el Blue Forest la madera suele brillar con tonos azules, de ahí su nombre. El color proviene del ágata y la calcedonia que envolvieron la madera. Y tenemos suerte: logramos sacar unas pocas piezas hermosas. Ahora unos cuantos kilos de piedra extra ocupan algo del poco espacio que tenemos en el coche. Ya veremos qué haremos exactamente con todo esto.

Al parecer, algunos también encuentran fósiles de animales vertebrados. Sin embargo, a diferencia de los insectos fosilizados, está prohibido llevárselos. Tampoco es que hayamos encontrado, pero no queremos perdernos la oportunidad de ver al menos unos cuantos fósiles más.

KM 550, también hace 50 millones de años

Los animales y las plantas aplanadas

Fósiles de plantas en Fossil Butte. Todos en perfecto estado.
También había peces en los que se reconoce cada detalle.

Después de sacudir todo el polvo de la ropa y de que la ducha eliminara el resto del cuerpo, nos dirigimos al Monumento Nacional Fossil Butte. Allí donde hace 50 millones de años los cocodrilos nadaban en el Fossil Lake.

Los alrededores son conocidos por albergar fósiles perfectamente conservados de plantas, insectos, peces y reptiles. De vez en cuando, incluso algún mamífero.

El Fossil Lake era un lago meromíctico, es decir sus capas de agua no se mezclaban. El fondo era extremadamente salino, lo que impedía la descomposición orgánica rápida. Por lo tanto, los animales de agua dulce que vivían en el lago no podían comerse a los animales muertos que quedaban atrapados en la capa de sal. Además, el fondo era pobre en oxígeno y crecía una densa capa de algas microbióticas. Gracias a las cianobacterias, los animales muertos eran envueltos rápidamente por estas capas de algas y quedaban protegidos de la luz. Ea, así se crean las condiciones perfectas para fosilizarse.

A esto se sumó que la piedra caliza se depositaba encima como una manta pesada—capa por capa— y preservó los fósiles exactamente tal y como murieron.

Hoy en día, en toda la región hay placas de arcilla, que aunque frágiles, están repletas con restos notables. En el Monumento Nacional Fossil Butte los hallazgos están protegidos y se pueden admirar en un pequeño centro de visitantes. Al lado hay canteras privadas que alquilan sus terrenos para la búsqueda: pagas una tarifa y puedes buscar durante un par de horas y quedarte con todo lo que encuentres. A menos que el valor de la pieza sea inmensamente alto.

Nuestra casa al lado del Steamboat Rock, donde nos quedamos varias noches debido a la tormenta de nieve que, aunque la nieve se derritiese a esta altura, hizo impasable el resto de la ruta por unos días.

Nosotros nos ahorramos la cara experiencia; al fin ya tenemos toda esa madera petrificada con la que, en primer lugar, no sabemos qué hacer y, en segundo lugar, tampoco sabemos dónde generar espacio para guardar más cosas.

Un detalle curioso: según la medicina alternativa, la madera petrificada aporta fuerza y ayuda a adelgazar. Lamentablemente, aún no hemos notado el efecto; el coche pesa cada vez más y el consumo de combustible va a más en lugar de a menos. Aunque no perdemos la esperanza de que en algún momento cambie.

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