¡A perderle el miedo a México! Crónica de un viaje

¿Es seguro viajar en coche por América Latina y, sobre todo, por México?

«Sabes, abrí este camping para quitarle a los viajeros el miedo a México», nos cuenta Raúl en su rancho, ubicado en el norte de la península de Baja California. El rancho está a menos de una hora de la frontera entre México y Estados Unidos. Una frontera a la que le temen muchos: Hay viajeros que creen que, en cuanto cruzas, te asaltan y que en cada esquina te espera un policía corrupto.

Estamos al final de nuestro viaje por México. El rancho de Raúl es nuestra última parada antes del cruce fronterizo. Y, sinceramente, a nosotros ya no tiene que convencernos: México nos cautivó desde el principio. La estancia en su rancho es el broche de oro, un final inolvidable.

Pasamos el Viernes Santo compartiendo tacos de pescado junto a la fogata, acompañados de su familia y amigos que vinieron a pasar la Semana Santa. El rancho ecuestre es tan idílico que, en lugar de quedarnos una sola noche, decidimos prolongar la estancia cuatro días más, retrasando el cruce a Estados Unidos todo lo posible.

¿Es tan peligroso viajar por América Latina?

Al igual que Raúl, antes de partir de viaje escuchamos muchísimas cosas negativas sobre América Latina. Parece ser que se trata de un continente lleno de peligros, donde la violencia reina por doquier y la corrupción acecha en cada rincón. ¿Qué vimos realmente de todo eso? Pues, muy poco.

Y no, no nos limitamos a viajar solo por las rutas «seguras». En Bolivia, Brasil y Perú viajamos por zonas donde cultivan coca. En Colombia visitamos los territorios guerrilleros. Nos movimos por regiones alejadas de las rutas turísticas, atravesando selva profunda y territorios controlados por cárteles. ¿Lo que más nos impactó? Viajar por Venezuela cuando Maduro aún se afferaba al poder.

Una lista de absurdos: whisky, bloqueos y propinas

Una de las muchas carreteras secundarias que pasan por zonas rurales.

Esto no significa que hayamos adentrado a ciegas por cualquier lugar, solo en busca de aventuras. Hemos hablado con la gente que vive allí y, sobre todo, nos hemos tomado el tiempo de hablar no solo del lado bonito, sino también de las dificultades de su entorno.

Hemos conocido a ricos y pobres, inmigrantes y lugareños desde tiempos inmemorables. Y sí, también hemos vivido la corrupción muy de cerca:

  • Patrullas militares que aparecen de repente en la finca cafetalera justo antes de que empiece la cosecha con la intención de recordar quiénes son “buenos amigos”
  • Policías que recogen su ración mensual de whisky para que el hotel pueda seguir funcionando un mes más.
  • Un comandante de alto rango que, gracias a transferencias de dinero semanales, siempre está localizable por teléfono cuando se necesita transportar una mercancía normal a través del país.
  • Indígenas que bloquean carreteras públicas y exigen dinero para dejarte pasar o que, a modo de protesta, cierran por completo las principales arterias durante semanas.
  • Policías que controlan y te ponen multas a pesar de haber hecho exactamente lo mismo que los locales. Pero claro, como extranjero, resulta que no estaba del todo permitido girar a la izquierda en ese punto junto a los otros diez coches. Y, obviamente, no olvidemos la sutil sugerencia de dejar una “propina”.
  • O el toque de queda generalizado para circular de noche entre las 18:00 y las 06:00 horas en zona guerrillera.

La lista parece larga y demuestra lo complicada que puede ser la vida en estos países. Sin embargo, la gran mayoría de los días no vivimos absolutamente nada de eso.

En casi todos los controles policiales y militares lo que recibimos fueron recomendaciones; en Venezuela, de vez en cuando nos invitaban a un café y casi siempre caía algún comentario divertido. México no fue la excepción.

¿Es seguro viajar por México? Nuestra experiencia

México es el último país latinoamericano en nuestra ruta hacia Alaska. Antes de ingresar al país más sureño de Norteamérica, nos advirtieron constantemente, mucho más que con los países anteriores. La última vez que lo vivimos con tanta intensidad fue antes de entrar a Nicaragua y a Venezuela.

Nos decían que pasaríamos por innumerables retenes policiales, que el ejército tendría una presencia masiva, que nos toparíamos con más corrupción o con comunidades indígenas exigiendo dinero para avanzar, que habría muchas carreteras bloqueadas y, por supuesto, veremos la narcoviolencia.

¿Notas algo? Básicamente es lo mismo que en la lista de antes y definitivamente no es nada que no conociéramos o hubiéramos escuchado ya.

Como veníamos del sur, las noticias negativas no nos asustaron tanto como a muchos otros viajeros que entran desde el norte. Habíamos escuchado advertencias similares en casi todos los países y, después de pasar por más de 200 controles policiales en Venezuela tiene que pasar mucho para que algo nos saque de quicio.

Aun así, decidimos, por pura diversión, volver a anotar los controles. ¿El resultado? En casi dos meses pasamos por 34 retenes. En 12 de ellos nos detuvieron y en 7 tuvimos que abrir el maletero.

¿Nos pidieron dinero? Pues, no, nadie. Ni una sola vez. Ni siquiera lo intentaron.

Entre la violencia de los cárteles y la vida diaria

México no es un lugar exento de peligro, sobre todo en ciertas regiones turísticas o en el entorno directo de los tristemente célebres cárteles. Pese a ello, el día a día de la mayoría de la gente no está marcado por la violencia.

Hay muchos accidentes. El tráfico es el mayor peligro para cualquier viajero overlander.

Las personas que conocimos se han adaptado a las peculiaridades de México. A todas las ha parado la policía alguna vez para pedirles una pequeña «colaboración». Han vivido toques de queda por brotes de violencia y también conocen incontables historias de lo que hacen los cárteles. Su vida está un poco más cerca de estos problemas, pero aun así, no es lo que viven cada minuto.

Ninguno con los que hablamos nos habló de extorsiones o cobros de vacunas para “protección”, algo que sí nos pasó en otros países. Aún así cabe recordar que todo esto existe en México. También aquí el narcotráfico y el entorno ilegal generan muchísimo dinero, socavan la política y la justicia, siembran violencia y lo complican todo. Especialmente en las zonas pobres, donde se les promete dinero fácil a los jóvenes desempleados. Además, el mundo del narco se normaliza y se banaliza constantemente a través de los narcocorridos, que llegan incluso a las listas de éxitos musicales.

Sin embargo, en un país donde viven 134 millones de personas, esa no es la realidad de la mayoría. Es la atención de los medios la que se queda atrapada ahí, y los cárteles saben perfectamente cómo generar ese impacto mediático. Un ejemplo claro fue la muerte de El Mencho en febrero y los bloqueos que le siguieron en todo el país. Si algo saben hacer los miembros, es paralizar un Estado rápidamente.

Incluso en el estado de Jalisco, la sede principal del Cártel Jalisco Nueva Generación, hay una vida que se desarrolla completamente al margen del narcotráfico. La mayoría de las personas viven con total normalidad, solo que están siempre un poco más cerca del lado oscuro de lo que se acostumbra en Europa.

¿Cuál es el mayor peligro para los viajeros?

El peligro para nosotros como turistas existe —una vez más— principalmente donde se concentran los turistas. Ahí donde los delincuentes han aprendido que los turistas llevan cosas de valor que se les puede robar. La mayoría de las veces abren los coches o la policía intenta autofinanciarse. Porque, aunque tengas todos los papeles en regla, un policía con un sueldo bajo siempre le conviene probar suerte; rara vez tiene algo que perder.

Nosotros no vivimos nada de eso en México, aunque otros viajeros nos hayan contado intentos que les han sucedido a ellos. No tuvimos ningún contratiempo en ninguno de los controles. Quizás se deba a nuestro enfoque: de entrada, no esperamos nada negativo. Al igual que en un control en Europa, las fuerzas de seguridad están, ante todo, haciendo su trabajo.

Nuestra táctica: confiar, pero siguiendo un sistema

Pero eso no significa que lo dejemos todo al azar. Antes siquiera de llegar a un control, ya hemos pensado cómo reaccionaríamos en cada situación, incluso en las más delicadas.

La palabra clave es: conocer la situación (Situational Awareness). Queremos saber qué está pasando alrededor del vehículo. Para ello, instalamos una dashcam y otras cámaras pequeñas. No nos importa que las fuerzas de seguridad noten que están siendo grabadas. Además, por nuestra propia seguridad, decidimos mantener siempre todas las puertas cerradas con seguro, incluso durante un control.

En Baja California es más probable que te quedes atascado en la arena de que te roben.

Esto evita que la policía pueda abrir la puerta trasera sin más. Así tienen que esperar a que uno de nosotros apague el motor, abra la puerta del conductor, la vuelva a cerrar y camine hacia la parte trasera para abrir el maletero. Así impedimos que varias personas registren el coche al mismo tiempo y concentramos toda la atención en un solo punto. Además, el interior del Land Cruiser está diseñado para que lo primero que quede a la vista sea el botiquín de primeros auxilios. No hay nada mejor que una buena primera impresión.

Una táctica común en México parece ser el intento de revisar la billetera por parte de la policía. Desde el inicio del viaje nos acostumbramos a no dejar objetos de valor a la vista. La billetera con dinero está accesible, pero hay que saber exactamente dónde buscarla y cómo sacarla. Aparte, guardamos los documentos del vehículo, las licencias de conducir y los pasaportes totalmente separados del dinero. De este modo, los agentes ni siquiera caen en la tentación de seguir buscando cuando nos piden los papeles. En la guantera llevamos guardada un monederito con unos cuantos billetes de 5 dólares a la mano —por si acaso hay que demostrar que llevamos algo de efectivo—, junto con un par de tarjetas de crédito vencidas.

¿Son tan peligrosas las carreteras secundarias?

Otra advertencia común al circular por México como extranjero suele ser la de evitar las carreteras secundarias y optar siempre por las de peaje (cuotas en México) con la explicación de que son más seguras. Bueno… si se refieren a los innumerables topes que brotan del asfalto en México, entonces es verdad: ahorras mucho tiempo optando por las cuotas, aunque también te sacan hasta el último céntimo del bolsillo. Pero si la advertencia se refiere a los retenes policiales, lo cierto es que la mayoría los encontramos en las autopistas de peaje y no en los pueblos pequeños. Eso sí, evitamos adentrarnos en las rutas de montaña donde es sabido que los cárteles se disputan el territorio.

Al igual que en Sudamérica, nos informamos activamente y de forma constante: preguntando a la policía, a los habitantes, a otros viajeros o revisando aplicaciones de viaje. Así te puedes hacer una buena idea de la situación actual. Y finalmente, si tienes un mal presentimiento, la mejor opción siempre es buscar una alternativa.

Nos vamos de México con lágrimas en los ojos. Es un país que nos ha vuelto ha demostrar la gran hospitalidad latina en toda su plenitud. La Semana Santa en el Rancho La Bellota fue un final más que digno y fue representativo para toda América Latina: buena comida, conversaciones interesantes, muchas risas y una calidez increíble.

Si este viaje nos ha dejado una lección clara es que la gran mayoría de las personas son, en el fondo, simplemente buenas.

Nuestras 3 reglas para la seguridad en América Latina

  1. Ser sistemáticos en lugar de dejarlo al azar: Piensa de antemano cómo quieres, debes o puedes reaccionar en determinadas situaciones. Tener claro qué hacer y haberlo pensado antes brinda seguridad cuando las cosas se ponen tensas.
  2. Recopilar información local: Pregunta activamente a policías, lugareños y otros overlanders sobre la situación actual del lugar.
  3. Confiar en el instinto y evaluar la situación: ¿Una ruta te deja una mala sensación? Date la vuelta y busca alternativas. Y nunca te olvides de prestarle atención a lo que sucede alrededor.

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