Las puertas del inframundo: un buceo en la oscuridad cristalina

Con su color azul zafiro parece la puerta de entrada a un mundo imperturbable y plácido. Un mundo inhabitado por los dioses, quizá tal y como se lo imaginaban los antiguos mayas.

Una parece volar a través de las cavernas, desposeído de la gravedad. A través de un lugar donde cuando los rayos del sol tocan la superficie, el agua se tiñe de azul turquesa y atravesada por la luz de las linternas, en cambio, parece cristalina. El resto reposa en la oscuridad total.

Ni una corriente, un silencio absoluto, solo interrumpido por el silbido mecánico del regulador. Si no fuera por el húmedo frío que se cuela en nuestros trajes de neopreno, ni siquiera se notaría el agua. Y porque a veces, un pececito nos recuerda que estamos sumergidos en su mundo.

El haz de luz de la linterna atraviesa la oscuridad. Las burbujas de aire se adhieren al techo como bolas de Navidad plateadas y reflejan la fría luz artificial. No hay principio ni fin; como si el entorno se reflejara en la superficie de un lago, solo que desde debajo del agua.

¿Qué son los cenotes?

Cenote Dos Ojos antes de ir a bucear.

Los cenotes son cuevas kársticas con acceso a aguas subterráneas. El nombre proviene del maya y significa «pozo de agua». Este tipo de cuevas se forman en zonas kársticas cercanas al mar: cuando baja fuertemenete el nivel del mar, se crean en la zona no saturada, por encima del nivel freático, unas cuevas que están llenas mitad de aire y mitad de agua. Si el nivel del mar vuelve a subir, la presión del agua sostiene las cavidades. Sin embargo, este equilibrio es frágil: los techos corren un riesgo extremo de derrumbe.

Cuanto más antiguo es el cenote, más probable es que el techo ya se haya derrumbado y se haya formado una entrada de luz. Los cenotes más recientes suelen mantener aún el techo de la cueva. Cenotes hay más que suficientes en Yucatán, se estima que más de 7000. La mayoría de los pozos de agua contienen agua dulce, pero existen cenotes en los que también hay agua salada, aunque nunca se mezclan los dos tipos de agua debido a la diferencia de densidad. El agua dulce se mantiene en la capa superior.

El gran río de los mayas

Bajo el suelo de Yucatán se esconde un mundo inmenso del que solo se han cartografiado casi 1700 kilómetros: una gigantesca vena transparente que discurre invisiblemente bajo los pies de los turistas desprevenidos a través de la roca caliza. Los investigadores estiman que se trata de uno de los sistemas de cuevas subacuáticas contiguos más grandes. Y para los habitantes de Yucatán, la única fuente segura de agua. Probablemente esto fue la razón principal por la que los mayas se establecieron en la zona.

Gracias al agua potable de los cenotes, los mayas pudieron construir ciudades gigantescas y abastecer a sus habitantes en un entorno tan árido. Y es que en esta zona no llueve mucho: unos 800 mm al año, y la mayor parte durante la temporada de lluvias, que dura dos meses. Sin embargo, al parecer, también fue precisamente esta dependencia del agua lo que acabó provocando la ruina del imperio maya. A partir del siglo IX hubo varios periodos de sequía severa.

¿La puerta al infierno?

Para los mayas, los cenotes no son solo una fuente de agua, sino que también son sagrados. En ellos ven la entrada para llegar a los dioses del inframundo, Xibalbá —literalmente, «lugar del miedo»—.

Cenote Xnuuk.

El mundo de los mayas se divide en tres partes: el inframundo, la tierra y el cielo. Todas las cuevas y cavernas se consideran puntos de conexión con el inframundo y, aunque se les conoce como «lugar del miedo», el inframundo es al mismo tiempo una fuente de vida, del origen.

Gracias a las numerosas ofrendas encontradas en los cenotes, los investigadores los consideraron lugares sagrados, y es más, aún hoy se celebran ceremonias, aunque sean poco frecuentes. Sin embargo, aunque los antiguos mayas realizaban sacrificios humanos, Xibalbá no es comparable al infierno cristiano.

No es un infierno, sino un campo de pruebas. Los difuntos atraviesan los nueve niveles en los que se divide Xibalbá hasta que, tras superar las pruebas, las luchas y los sufrimientos impuestos, pueden abandonar el lugar. La vía más directa es a través de la ceiba, ceiba pentandra, un árbol sagrado que conecta Xibalbá con el cielo subiendo por las raíces, el tronco hasta la copa.

En realidad, todos los difuntos deben atravesar el inframundo; solo quedan excentos los sacrificados, los que se autosacrificabana y las mujeres que morían dando a luz. Todos ellos van directamente al cielo.

Pero por muy venerable que sea la historia de los mayas, la realidad actual a orillas del agua de los cenotes suele parecer más profana: es un negocio millonario.

Turistas sagrados

Donde antes los sacerdotes hacían ofrendas para los dioses, hoy uno se tropieza con las tiendas de súvenirs. Los cenotes siguen siendo vitales, pero ya no solo por ser la fuente de agua, sino como atracción turística. Por desgracia, se ha llegado a un punto en el que se cobran precios de entrada exorbitantes y estos no dejan de subir. ¿El argumento de los propietarios? Pues porque los turistas lo pagan, y si no, que vayan a visitar sus cenotes al extranjero. Bueno, es una opción y hay cenotes en el extranjero, pero la mayoría (y los más impresionantes) están en México.

Dos Ojos.

Ya que estamos cerca, decidimos ir a bucear. Hacemos la reserva por Internet ya que la mayoría de las escuelas de buceo ni siquiera tienen una oficina física a la que se puede acudir. Nos decidimos por la oferta más barata: dos inmersiones en el mismo cenote Dos Ojos por 170 US$.

Casi barato en comparación con otras ofertas que vemos; y no mucho menos que en las Galápagos, solo que allí teníamos incluido el paseo en barco y el almuerzo. La relación calidad-precio ya no es ni de lejos razonable en Quintana Roo.

A cambio, podemos pasar la noche gratis en el parque de bomberos y dejar el coche a buen recaudo allí mismo. Sin duda, un gesto que vale mucho.

A temblar por las cavernas subacuáticas

A tan solo 7°C por la mañana nos dirigimos a la tienda de buceo y con gorros y jerséis, cargamos el pesado equipo de buceo en la camioneta. Hora de irse al cenote.

Tan solo la entrada al cenote cuesta 500 pesos mexicanos (unos 30€). Por persona, claro está. El recinto, por supuesto, también está incluido en el precio: tienes dos entradas al cenote, varias tiendas, puedes darte una ducha fría rápida y vuelta a irse.

Bueno, de todos modos ya estamos aquí, así que toca pagar.

Al sumergirnos, el agua se siente templada, está a unos 25 °C constantes. Como fuera hace frío, ya unos 15 °C, está muy agradable.

¿Lista para bucear?

¿Conclusión? La sensación… increíble. Imagínate que flotas en la nada absoluta. Te olvidas del pesado equipo que llevas a la espalda y tienes la sensación de volar a través de un vacío azul infinito. De vez en cuando esquivas estalagmitas y estalactitas, observas cómo las burbujas de aire quedan atrapadas en el techo y reflejan el misterioso ambiente.

Una paz y un silencio indescriptibles… y bruscamente interrumpidos. Veinte buceadores aparecen delante nuestra, en la angosta cueva. La ruta de buceo está marcada con una cuerda y es fija, hay espacio para cruzar, pero sentimos como de repente el espacio parece estrecharse aún más.

Por suerte, ya casi hemos llegado al final. Cinco minutos más tarde estamos de vuelta en el punto de partida; ya se nota el calor de los rayos del sol y, a pesar de que la temperatura se mantiene estable en 25 °C, salimos del agua temblando. La sensación de frío fue mucho mayos de los que esperábamos. Además, a los turistas solo les dan trajes de neopreno de 3 mm, mientras que los guías de buceo sacan sus propios trajes de 7 mm de grosor. Obvio, que nuestro guía dijese que no le había parecido tan fría la inmersión.

El agua del cenote forma parte de uno de los sistemas de cuevas acuáticas subterráneas más grandes del mundo. Recién en 2018 se descubrió una conexión entre el cenote Dos Ojos y el resto de Sak Aktun y actualmente se calcula que tiene una extensión total de 378 kilómetros.

Hay muchos otros cenotes en la península y cada uno es único. Sin embargo, por motivos de presupuesto, tuvimos que escoger. Así que no hicimos más inmersiones, pero sí que visitamos otro cenote: el cenote Xnuuk.

Y entonces nos quedamos completamente solos…

Cerca de Valladolid hay un lugar recóndito: un camping con un cenote privado regentado por dos alemanes. Ese fue nuestro siguiente destino y no nos decepcionó.

Este cenote es todo lo contrario a Dos Ojos: ni un turista a la vista. Además, han creado un acceso único: se baja por una escalera de caracol, se atraviesa un túnel angosto y se cruza un puente colgante (seguramente sin homologación), así se llega al interior de la tierra.

Escalera de caracol al Cenote.
Túnel y…
un puente colgante.

Ahí abajo está el cenote Xnuuk en medio de una cueva. Solo hay dos pequeños pozos de luz que dejan pasar unos rayos al mediodía cuando el sol está en su punto más alto del año. Por suerte, no dependemos de la luz del día, pues lo han iluminado todo. La luz artificial hace tangible la magnitud de la cueva. Además, dentro siempre hay 28 °C, y como hacía tanto frío fuera, fue como entrar aun spa.

Así nos lo habíamos imaginado: flotar sobre las aguas cristalinas, observando la cueva. En medio de un silencio que lo impregna todo, solo interrumpido por el gotea del agua condensada. Mientras tanto, las raíces de los árboles bajan en busca del elixir de la vida y casi creemos ver cómo un dios maya se asoma del Xibalbá al mundo de los vivos.

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