Nicaragua: la frontera temida

«Lo controlan todo», nos cuentan otros viajeros, así que nos preparamos mentalmente para un paso fronterizo largo y tedioso. Nos toca seguir el camino hacia el norte desde Costa Rica cruzamos a Nicaragua.

Pero nuestra experiencia fue exactamente la contraria: hacía mucho tiempo que no cruzábamos una frontera tan rápido. En Costa Rica tardamos solo 15 minutos, en Nicaragua una hora, y al final nadie quiso registrar el coche. Al parecer, tuvimos mucha suerte con la funcionaria, o quizá el hambre la empujó a irse a almorzar puntualmente.

Rotonda en Nicaragua.

Entramos a Nicaragua con mucha curiosidad, ya que muchos viajeros la atraviesan directamente —lo que, por cierto, no es tan rápido como uno piensa— o cuentan pocas cosas positivas. En la mayoría de las conversaciones, enseguida se habla de controles policiales y corrupción.

Por eso nos sorprendió aún más encontrarnos con autopistas perfectamente asfaltadas, sobre todo, tras las malas carreteras costarricenses. Al borde indica una señal el límite de velocidad: 80 km/h, leemos algo perplejos ¿No acababa de explicar el funcionario de aduanas que en todo el país se aplica un límite estricto de 50 km/h?

A pesar de todo, nos atrevimos a conducir más rápido, al fin y al cabo hay una señal. En algún momento, felizmente conduciendo, un coche en sentido contrario nos avisó con las luces largas. Una señal típica de que se aproxima algún obstáculo…

Poco después, efectivamente, la policía estaba al borde de la carretera con un radar láser. Nos dejaron pasar, ya habíamos bajado la velocidad a no más de 50; aunque el tramo de carretera está señalizado con 80 km/h.

El suceso nos sigue rondando en la cabeza  y decidimos investigar en Internet:

En junio de 2025, el Gobierno limitó la velocidad máxima en todo el país a 50 km/h, pero sin retirar las antiguas señales. Estas siguen en el arcén, obsoletas, y confundiendo a todos los conductores extranjeros.

El objetivo de las nuevas normas es reducir el número de víctimas mortales en carretera, lo que, a primera vista, parece funcionar, a juzgar por las cifras de 2025: alrededor de 900 frente a las más de 1000 de 2023. Sin embargo, al igual que en toda América Latina, los accidentes en carretera siguen siendo algo cotidiano. Porque la causa de los numerosos accidentes no es necesariamente la velocidad, sino el incumplimiento de las distancias de seguridad, los adelantamientos peligrosos, no llevar casco, los vehículos en mal estado y, por lo tanto, con frenos defectuosos, y, por supuesto, el incumplimiento —o el desconocimiento— de las normas de tráfico. En realidad, es un milagro que nadie nos haya chocado todavía. Ahora no es que conduzcan más despacio, pero sí que se avisan entre ellos.

La limitación de velocidad puede tener buenas intenciones, pero su aplicación muestra claramente cómo funciona Nicaragua: un sistema perfectamente diseñado para la corrupción.

El hecho de que el país ocupara el puesto 172 en el Índice de Percepción de la Corrupción en 2024 se nota en cada esquina. Desde que Daniel Ortega volvió al poder en 2006, la corrupción no ha dejado de aumentar y, con las nuevas normas, la policía dispone de una herramienta más. La mayoría de las personas con las que hablamos optan por el «trato» directo en los controles para evitar los trámites burocráticos, o incluso la cárcel.

Plaza principal en León, Nicaragua.

La presencia constante del poder es especialmente opresiva con los extranjeros. Los que tienen residencia permanente en el país nos cuentan que reciben visitas regulares de la policía o el ejército. No siempre se trata de pagarles, sino a menudo solo de recordar a la gente quién puede ser su «amigo».

Lo vivimos nosotros mismos en una finca cafetera, cuando de repente apareció en el aparcamiento una camioneta con siete militares bien armados. Mientras uno se quedó charlando con Miguel, los demás visitaron al propietario, un saludo inequívoco justo antes del inicio de la cosecha anual. Como extranjeros, también les toca mostrar abiertamente las finanzas, ni un céntimo puede ir a parar a los opositores al régimen, es decir, tampoco a ninguna ONG, ya que la mayoría de ellas fueron prohibidas en el país en 2024. Incluso la Cruz Roja es ahora nacional, una Cruz Blanca con fondo azul.

Al igual que en Venezuela, donde también hemos sido testigos de corrupción, la población está profundamente intimidada. No se habla de política con cualquiera, y cuando se hace, primero se cierra la ventana de la cocina y solo se susurra. Nunca se sabe quién puede estar escuchando desde el patio, incluso de la propia familia.

A pesar de estas historias inquietantes, Nicaragua nos ha gustado mucho. No hemos tenido ningún problema en todo el país, ni siquiera al entrar o salir. La gente era amable, abierta y curiosa. El país parece bien cuidado, aunque claramente el dinero se necesita urgentemente en otros ámbitos.

Sin duda, es un país emocionante para pasar unas semanas, pero ¿vivir allí? Los constantes controles y la inseguridad (qué pasará, qué nueva ley vendrá, quién más querrá dinero…) hacen que, para mí, no sea un lugar en el que quedarme.

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