Proyectos por los que vale la pena un viaje: entre amenazas y esperanza en el Putumayo de Colombia
Nos vamos de Ecuador, un país lleno de proyectos inspiradores y sin duda uno de los más impresionantes de nuestro viaje por Sudamérica.
Nos aventuramos a cruzar hacia Colombia en uno de los pasos fronterizos considerados «peligrosos» y entramos en la región del Putumayo.
No queremos minimizar el peligro: existe. Justo en el paso fronterizo, un policía nos pregunta por una pequeña ayudita. Le toca estar de pie bajo la lluvia y le vendría bien un poco de dinero para comprarse un refresco. Le decimos amablemente que no y, aun así, nos deja entrar al país. Bienvenidos a Colombia, pensamos.
Precaución y prejuicios

Como suele ocurrir, la realidad no es tan blanca y negra como nos la pintan. El mundo es diferente en Putumayo.
La gente se sorprende al vernos como turistas. La mayoría nos aconseja que tengamos cuidado con el ejército. Tenemos suerte: no nos controlan en todo el camino, aunque pasamos por varios puestos de control.
Aquí no hay gran cosa y, sin embargo, están surgiendo los primeros pequeños proyectos, la mayoría relacionados con la conservación de la naturaleza. Porque también aquí la selva está desapareciendo.
La naturaleza paga por la economía
Apenas existen fuentes de ingresos. La ganadería, la industria maderera y la producción de petróleo impulsan la economía y, al mismo tiempo, la destrucción. La selva tiene todas las papeletas de salir perdiendo.
Además, hay tráfico de drogas y crimen organizado. Esta zona fronteriza es una de las principales puertas de entrada de la cocaína a Ecuador y, desde allí, al resto del mundo.
La guerrilla dominó esta zona durante mucho tiempo. A pesar del acuerdo de paz, nunca han desaparecido del todo. Aunque hay primeros intentos de construir una red turística, la región, y el país en general, se mueven hacia la dirección equivocada: más combates, más violencia, más drogas.
En general, Colombia está cambiando de nuevo – desgraciadamente a peor.
Amazon’s Birds: una isla verde en medio de la destrucción
Los pocos proyectos pequeños que existen luchan por sobrevivir. Penden constantemente de un hilo. Hemos visitado dos de ellos, uno de los cuales nos conmovió las entrañas: Amazon’s Birds.
Yolima y su familia protegen su pequeño trozo de tierra lo mejor que pueden. Su madre luchó años para que no se la quiten. Le ofrecieron mucho dinero, pero para ella la naturaleza tenía más valor.

Hoy en día, el bosque solo cuenta con cincuenta hectáreas y, sin embargo, es una isla verde en medio de campos deforestados. Aquí viven ocho especies distintas de monos, además de innumerables pájaros y serpientes.
Las estrellas de la selva: titíes pigmeos
Lo más destacado de Amazon’s Birds son los titíes pigmeos, los miembros más pequeños de la familia de los monos. Tan pequeños que caben en la palma de la mano.
Viven en grupos, se alimentan de la savia de un árbol concreto y tienen una fuerte mandíbula inferior con la que muerden la corteza. También se alimentan de pequeños insectos, que les aportan las proteínas necesarias.



Estos monitos están en grave peligro de extinción porque a menudo se tienen como mascotas.
El hermano de Yolima, Fleyder, nos lleva directamente hasta el árbol en cuestión. Atrae a los animales con unos cuantos plátanos. Los titíes saltan por encima de nuestras cabezas y se ponen a comer, aunque siempre atentos, ante el menor movimiento huyen a la copa de los árboles.
Una familia con un gran conocimiento y un privilegio para nosotros
Fleyder conoce cada una de las plantas, con su nombre en latín. Imita a la perfección el canto de los pájaros y, lo más impresionante, es que lo ha aprendido todo por cuenta propia.
A menudo nos encontramos con guías que apenas conocen su entorno. Aquí es diferente: toda la familia conoce sus alrededores y vive con la naturaleza, no de ella.
Tuvimos la suerte de pasar varios días con Yolima y su familia, e incluso nos permitieron adentrarnos en el bosque por nuestra cuenta.
Desgraciadamente, no vimos nada emocionante por la noche, pero la sola confianza de que nos lo permitieran fue algo especial. Es más, ella nos preguntó abiertamente si realmente podía confiar en nosotros. Nos contó que ha había venido gente que se llevó peces. Una pregunta difícil de responder. La única opción que nos quedó fue contarle quiénes éramos nosotros y esperar que nos creyese.
«Aquí protegemos»

Su tierra se ha convertido en refugio de especies amenazadas. Pero luchan contra la deforestación, la indiferencia y el dinero. Y, sin embargo, se nota que creen que merece la pena.
No porque tengan grandes esperanzas, sino porque no les queda otra. Este pedazo de tierra es su medio de vida. No hay muchas otras alternativas. Reciben alguna ayuda de ONG y organizaciones de conservación de la naturaleza, pero ¿será suficiente?
Para nosotros, Amazon’s Birds es un rincón del futuro. No porque todo sea perfecto. Sino porque demuestra que solo hay futuro en aquellos lugares donde la gente no se rinde.
Donde – en medio de la violencia, la inseguridad y la destrucción medioambiental – siguen diciendo: «Esta es mi tierra. Aquí protegemos.»
Y tú, ¿qué puedes hacer?
Si alguna vez vienes al sur de Colombia, lánzate. Visítalos. Pregunta por Amazon’s Birds. O ponte en contacto con ellos a través de las redes. Además, es fácil llegar a Puerto Asís en avión. Y ellos que viven allí pueden decirte cómo está la situación de seguridad sobre el terreno.
Cuando estés allí, siéntate a la sombra de su bosque. Observa a los monos jugar. Escucha a los pájaros.
Y tal vez, vayan suficientes personas para que puedan preservar este rincón con futuro.
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