Proyectos por los que vale la pena un viaje: Mujeres indígenas valietnes que buscan unir turismo, tradición y conservación
Indígena y mujer… Una combinación que ya de por sí te complica la vida en todo el mundo. No iba a ser diferente en Sudamérica. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, solo una de cada diez niñas indígenas termina la escuela secundaria en América Latina.
En general, ser mujer ya es difícil en estos lares. Incluso yo, blanca privilegiada, lo noto a menudo cuando me explican cómo funciona el mundo, cuando no me creen que sepa conducir o directamente me corrigen mi español porque ellos usan otra palabra aquí y la que uso yo seguro que es inventada. Según el día, no lo llevo demasiado bien.
Pues imagínate, además, no haber tenido la oportunidad de recibir una buena educación básica, vivir en una tribu y crecer en un contexto cultural y económico diferente al de la casta superior. En definitiva, estás en el estatus más bajo posible. La realidad de los ricos y pobres dista muchísimo más en esta parte del mundo. Pero, a veces, uno se encuentra con extraordinarias iniciativas que buscan cambiar el paradigma en cierto modo.
Las mujeres de la comunidad de San Pedro, en Misahuallí Ecuador, son uno de esos ejemplos a seguir. A pesar de ser indígenas, y mujeres, han creado su propia empresa de la que vive toda una comunidad. Y es precioso.
Sinchi Warmi Lodge – Mujeres valientes

En 2002, Betty y las mujeres de la comunidad de San Pedro, en Misahuallí, comenzaron un proyecto turístico con tres objetivos: preservar su cultura, cuidar la naturaleza y mejorar sus condiciones de vida. Así nació Sinchi Warmi.
Comenzaron poco a poco, construyendo los edificios donde hospedar a los turistas, todos ellos siguiendo el estilo tradicional de los indígenas kichwa. ¿El resultado? Así nació un precioso pequeño hotel escondido entre plantas y rodeado de lagunas.
Las lagunas se cruzan con un puente, el lugar perfecto para pasar los días. Nosotros nos instalamos allí para observar los peces que pasaban. Y no cualquier pez.
El monstruo de los ríos amazónicos
Sofía nos da la bienvenida. Nos explica todo, nos invita a un té de guayusa y prepara unos trozos de papa, que es lo que hay, en lugar de pan. Luego nos lleva al puente y tira los trozos al agua. ¡Bam! Se oye un ruido fuerte en el agua. Se trata de la boca de algo gigante. —Un paiche de unos 2,50 metros —nos explica. El pez escupe el trozo de papa, no les gusta la verdura.
El paiche, también conocido como arapaima o pirarucú, es uno de los peces de agua dulce más grande, puede alcanzar los cuatro metros y pesar hasta 200 kilos. Tiene grandes escamas negras y una enorme cola roja. Sus ojos y las escamas de la cola reflejan la luz de las linternas por la noche. Parece que se acerca un monstruo gigante del que solo se ven los ojos.


Se alimenta principalmente de otros peces, aunque también come pájaros, insectos y otros mamíferos pequeños. Los cazan mediante succión: abren la boca grande y crean un vacío que atrae a sus presas, lo que provoca ese ruido tan característico.
En Sinchi Warmi tienen tres gigantes, el mayor tiene unos ocho años. El pez nos acompaña durante toda la estancia y, por la noche, se les escucha cazar cuando se propulsan rápidamente para capturar la presa. Por cierto, también es un pescado muy rico para comer.
Un arcoíris por la noche
El día lo dedicamos a relajarnos y a hacer pequeños trabajos en el coche, y por la tarde nos ponemos las botas de agua. Las mujeres de Sinchi Warmi nos dejan recorrer su terreno libremente. No es muy grande, pero es un pequeño refugio de selva en medio de mucho terreno desforestado.

¡Una boa arcoíris de dos metros! Miguel le hace muchísimas fotos, aunque se queda con ganas de más. Al día siguiente hablamos con las mujeres y nos preguntan con curiosidad si vimos algo por la noche. Se lo cuento y les enseño las fotos. Normalmente, la gente tiene miedo de las serpientes y suele querer matarlas. Estas mujeres, en cambio, no se impresionan con el hecho de que haya tal animal en su propiedad, les hace feliz.
Son unas Sinchi Warmi —mujeres valientes— que dejan un gran legado a su comunidad y muestran que hay proyectos que quieren conservar la naturaleza con todos sus integrantes.
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