¿Conoces los cinco grandes de Sudamérica?

Ya habrás escuchado hablar de las cinco grandes especies de África: león, leopardo, búfalo, rinoceronte y elefante. El juego es verlos todos en un safari – y allí está su dificultad y lo que los hace tan especial.

Hemos viajado ya varios meses a lo largo y ancho de América del Sur y, de repente, se nos ocurrió crear nuestra propia versión. Los Cinco Grandes de Sudamérica es nuestra lista personal en la que incluimos aquellos animales que más ilusión nos ha hecho ver en libertad (y los que más nos ha costado). No se trata de ir tachando mamíferos en el zoo de Manaus. Cosa que nos recomendó otro viajero cuando le contamos que queríamos ver al jaguar. El objetivo es verlos en libertad.

Todo nuestro viaje gira en torno a nuestro propio safari sudamericano y vaya aventura nos hemos encontrado.

Aquí nuestra lista:

Jaguar, tapir, oso de anteojos, anaconda, cocodrilo del Orinoco… y un invitado sorpresa que nunca adivinarás.

1. El jaguar

Hembra jaguar. ©M.Schumacher

El rey de la jungla americana. El jaguar es el felino más grande del continente y tiene la mordedura más potente en relación con su tamaño entre todos los grandes gatos. Atraviesa los cráneos de caimanes como los humanos rompemos ramas. Es más, nos encontramos con cráneos agujereados a orillas del río – espeluznante.

¿Pero ver uno? Nada fácil.

Al sur del Pantanal en Brasil – uno de los mejores lugares de avistamiento para este animal – estuvimos buscando por todos lados. Nada. Lo mismo nos ocurrió en el norte, incluso yendo en un tour de avistamiento. Estábamos marchándonos de la zona cuando decidimos parar al lado de un río… y allí estaba. Una joven hembra de jaguar, observándonos desde la otra orilla. Paralizada y curiosa. Un momento que nunca olvidaremos.

Dimos la vuelta, retornamos los 147 kilómetros de la Transpantaneira y lo volvimos a intentar. Esta vez la suerte estaba de nuestro lado: vimos siete jaguares en nuestro segundo safari. Bororo, un macho alfa, nos dejó que le acompañáramos durante tres horas. Una experiencia inolvidable.

2. El tapir

Este animal, también conocido como anta, es el mayor herbívoro nativo del continente (bueno, detrás de las vacas). Los tapires desempeñan un papel fundamental como los jardineros de la selva: dispersan semillas.

Al igual que los jaguares, es bien difícil verlos. ¿Pero os acordáis de ese río que tanta suerte nos trajo? Pues fue a más: dos tapires en pocos días. Uno nos sorprendió caminando por el bosque – desapareció en un abrir y cerrar de ojos. El otro estaba relajado, comiendo y bañándose al lado de la carretera. Con toda calma, majestuoso y sin importarle un bledo nuestra presencia.

Tapir.
Oso de anteojos. ©M.Schumacher

3. El oso de anteojos

El oso andino es la única especie de osos nativa de Sudamérica. Se mueven por la cordillera andina esquivando a los humanos.

Lo buscamos a lo largo d enuestro viaje de Bolivia a Ecuador. El penúltimo intento en la Reserva de Maquipucuna lo calculamos mal – los osos solo están allí en otoño para darse un festín de aguacate silvestre. Pero nos quedaba un último intento: un pueblo cercano a la frontera colombiana, donde los osos están durante todo el año (gracias a – ¿lo adivinas? – las plantaciones de aguacate).

Y finalmente, hubo suerte. Bien temprano por la mañana se veían moverse los puntos negros al otro lado del valle, y el mismo espectáculo, de nuevo a la tarde. Estaban lejos, pero aun así más que impresionantes.

4. La anaconda

La serpiente más pesada del mundo. Legendaria. Misteriosa. Difícil de encontrar.

La buscamos en Brasil, Bolivia y Ecuador – nada. Estuvimos a punto de darnos por vencidos cuando Miguel, mirando por la ventana en una de esas pistas de barro colombianas, de repente gritó «¡para!».

Anaconda. ©M.Schumacher

Allí estaba. Una preciosa anaconda de casi 3 metros de largo, tomando el sol al lado del camino. La época de lluvia ya había comenzado, y las serpientes suelen desaparecer, pero la suerte nos acompañó. Qué animal más asombroso.

5. El cocodrilo del Orinoco

¿Quieres ver un animal del que solo quedan unos 250 individuos salvajes? Buen desafío, no?

Por mi 30 cumpleaños, planeamos algo especial. Pusimos rumbo a los llanos colombianos, al comienzo de la cuenca del Orinoco. ¿Por qué? En realidad, era la última oportunidad para ver una anaconda. Pero estuvimos todo el trayecto bromeando con que nos gustaría ver al cocodrilo – el único representante de esa familia en Sudamérica (los otros son caimanes).

Miguel con cocodrilo.

Pero había algo que no sabíamos: la reserva está involucrada en un proyecto de reintroducción y habían liberado 50 cocodrilos pequeñitos. Es duro sobrevivir: muchos caen presos o son cazados, las personas les tienen miedo y para otros es un manjar. Pero hay algunos individuos que sobreviven.

En una pequeña laguna, las tortugas se acercaron curiosas al coche de safari, y de repente se movió algo más grande… un gran cocodrilo del Orinoco, un adulto de unos ocho años se acercaba. Probablemente le den de comer periódicamente para que no se vaya de la reserva. Por desgracia, esa es la realidad agridulce en la que vivimos y pueda que sea el trato necesario para que sobrevivan.

La sorpresa: el hipopótamo

No, no te has equivocado al leerlo. Hipopótamos. En Sudamérica.

Gracias al zoo privado que tenía Pablo Escobar cerca del río Magdalena del que se escaparon unos individuos. Hoy en día, la población salvaje sigue creciendo alcanzando los casi 200 individuos – un tema controvertido, pero real.

Wir waren neugierig und wollten sie sehen – nicht im Zoo, sondern in freier Wildbahn. Wir haben die Hacienda Napoles nicht betreten, das wäre zu einfach gewesen. An unserem ersten Tag saßen wir stundenlang in einem Boot auf dem Magdalena-Fluss in der glühenden Hitze. Keine Nilpferde.

Nos guio la curiosidad y queríamos verlos con nuestros propios ojos – no en el zoo, sino libres. No entramos a la Hacienda Nápoles, eso hubiese sido la opción fácil. El primer día estuvimos esperando durante horas sentados en un barquito en medio del río Magdalena pasando calor. Nada de hipopótamos. El segundo día, el guía nos llevó a una pequeña laguna, y el propietario nos dejó entrar a cambio de comprarle una coca cola en la tienda. Allí estaban, tres hipos con una cría, tumbados tranquilamente en el agua. Nosotros no estábamos tan tranquilos, en realidad, ya habíamos escogido a qué árbol subirnos por si nos atacaban. Aunque le guía nos quiso tranquilizarlo diciendo que por ahora ningún hipopótamo sudamericano había matado a una persona, no como en África.

Por la tarde ese mismo día volvimos al río y allí los vimos de cerca. Dos adultos, nadando y haciéndonos saber qué era demasiado cerca. Increíble.

¿Por qué lo contamos?

Pues porque los encuentros con estos animales fueron especiales no por ser los animales que son, sino por la sorpresa. Exceptuando al oso y a los hipopótamos, a los otros los encontramos sin querer, normalmente sin guía. Éramos solo nosotros dos, en mitad de la naturaleza, y un momento mágico.

La lista aun no está acabada – es más, crece. Queda el puma, el ocelote, el cocodrilo americano… quizá incluso un alce en algún momento. Y obvio que todos esos osos que nos esperan en el norte.

¿Cuáles serían tus cinco grandes de América del Sur? ¿Hay algún animal que sueñas ver algún día? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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