Proyectos por los que vale la pena un viaje: Un paraíso animal en el lado pacífico de los Andes
Continuamos nuestro viaje por Ecuador, un país lleno de contrastes. Por un lado, hay muchas iniciativas privadas de conservación de especies, mientras que por otro, la extracción de materias primas está en auge. La diversidad de especies es inmensa, tanto en la naturaleza como en términos de materias primas.
En 2021, el Ministerio de Energía ecuatoriano estimó que el país cuenta con unas reservas de 1.300 millones de barriles de petróleo, la mayoría de los cuales se encuentran en la cuenca amazónica, y esto en uno de los países más pequeños de Sudamérica. También hay ricos yacimientos de oro, plata, cobre, zinc y muchos otros metales. Todos ellos productos muy codiciados en el comercio mundial.
Sin embargo, la minería tanto ilegal como legal supone un problema, sobre todo en países donde el gobierno no vela por el cumplimiento de las normativas medioambientales. El resultado es que los metales pesados terminan viajando río abajo hasta llegar al Atlántico por Brasil o desembocan en el Pacífico.
Cuando estuvimos en Ecuador a mediados de marzo, se produjo un vertido de petróleo en Esmeraldas. El oleoducto reventó y se derramaron unos 25 000 barriles que afectaron a 300 000 personas en una de las regiones más pobres del país. Y esto ocurrió en un lugar donde los ríos no tienen aún miles de kilómetros por recorrer.
Un paraíso de aves cercano a la capital

La Reserva Maquipucuna se encuentra en el mismo lado de la cordillera andina, pero está alejada de Esmeraldas. Por suerte no se vio afectada, porque es un lugar mágico, sin duda.
Estuvimos mucho tiempo dudando sobre si ir. Todo el complejo parecía caro y, además, había que pagar entrada al parque. No habíamos tenido buenas experiencias con grandes lodges y no acabábamos de entender el montaje. Pero, en retrospectiva, nos alegramos de haber ido, al final era más pequeño de lo que parecía.
Isabel nos recibió con una sonrisa radiante y un inglés perfecto. Había vivido un tiempo en Estados Unidos porque su madre estudió y trabajo allí. Pero sus padres querían aportar su granito de arena en proteger una parte de su país natal, Ecuador.
Hace 35 años se creó la Fundación Maquipucuna. La zona estaba en barbecho, pero la familia quedó encantada con el Chocó andino, una región especial de Ecuador caracterizada por su biodiversidad.
Reforestaron gran parte de la zona con aguacates silvestres, una especie arbórea autóctona y también iniciaron un proyecto turístico con un pequeño hotel.
Los árboles crecieron, el bosque se recuperó y, unos 20 años después, llegaron los primeros osos. Sin darse cuenta, habían creado una nueva fuente de alimento para el oso de anteojos. A estos animales les encantan los aguacates silvestres, pero su temporada es en agosto/septiembre. Así que tuvimos mala suerte; llegamos demasiado pronto para verlos.
Pero el hotel y la reserva atraen a muchos otros animales. La zona es conocida por su variedad de aves, sobre todo colibríes, y también hay muchas serpientes. La razón por la que estábamos allí.
Nos permitieron recorrernos todas sus rutas de senderismo y confiaron plenamente en nosotros. Lo que nos encantó, porque a menudo está prohibido caminar solo por senderos perfectamente señalizados. No nos referimos a perderse por en medio de la selva.



La eterna búsqueda de la serpiente, por fin un éxito
Durante la noche vimos caracoles gigantes y un kinkajú. Durante el día, por fin vimos la tan esperada serpiente: una terciopelo (Bothrops asper). O, como la llaman en Ecuador, «equis», por su patrón en forma de X. Estaba enroscada justo al lado del camino.
Primero pasamos sin verla, pero cuando miré hacia atrás mi corazón se detuvo por un momento. «Miguel, una serpiente… justo aquí». Así que primero nos tocó alejarnos un poco, calmarnos y luego preparar la cámara. La serpiente nos observaba; y nosotros a ella.
Sí, la respuesta es afirmativa: es venenosa. Y es conocida por causar la mayoría de las mordeduras. Pero, como solemos repetir a menudo, mientras no se la ataque ni se pise, no hará nada. Este es el mejor ejemplo. No estaba ni a un metro y los dos pasamos justo al lado.
Una selva en equilibrio
La reacción de Isabel, la hija de los fundadores, cuando se lo contamos también fue maravillosa. Estaba encantada y comentó que ella no la habría visto. Suele ser lo más frecuente: el no verla. Nosotros llevábamos tres meses buscándola por activa y por pasiva; y si hay algo que hemos aprendido es que no es tan fácil verlas.
Pero las serpientes son un gran indicador natural, y es que donde hay serpientes, el ecosistema está en equilibrio. Maquipucuna es un magnífico ejemplo de ello. Allí se juntan naturaleza y turismo sin renunciar al lujo. Y lo mejor de todo es que uno se siente parte de la familia.


