Google Maps y sus trampas

Nuestra experiencia con la aplicación y por qué no funciona tan bien en Sudamérica

Otra vez nos toca dar la vuelta porque el camino no sigue. Ojalá nos hubiésemos quedado en la carretera principal, así habríamos llegado en diez minutos en lugar de una hora. Y, obviamente, en las ciudades, casi siempre son vías únicas en las que nos quiere hacer girar hacia el lado incorrecto.

Esto son solo un par de ejemplos de lo que nos indica nuestro amigo. Porque parece ser que a nuestro amigo Google Maps le encanta la aventura y el peligro.

¿Qué hemos aprendido?

No fiarse de lo que dice el GPS.

En casa usamos la herramienta de navegación digital para buscar cualquier cosa, aquí en Sudamérica también. Solo que hemos tenido que cambiar un poco la forma. Porque aquí Maps es mucho menos preciso de lo que es en otras partes. Bueno, en África, probablemente vaya incluso peor.

Prioriza los kilómetros sobre el estado de la carretera

Entre los errores más comunes que comete está el de darle más importancia a la distancia que al estado de la carretera. Siempre te indica la ruta más corta… en kilómetros. El problema es que no todas las carreteras están asfaltadas (el que ponga carretera nacional tampoco garantiza nada) y su estado varía mucho, sobre todo en época de lluvia. El hecho de que esté asfaltada tampoco es garantía de nada; a saber cuándo fue la última vez que la mejoraron.

La prioridad que le da a la distancia hace que muchas veces te indique rodeos que solo sirven para alargar el viaje. Así, no es raro que la aplicación nos mande por un desvío cuando la calle principal tiene muchos semáforos, pero el desvío acaba siendo un mercado intransitable.

Mapeo incompleto o desactualizado

Carretera Nacional 5 en Peru.
Llamas en una carretera en muy buen estado en Bolivia.

Aquí es donde más notamos que internet no lo sabe todo. Los mapas de Google se crean a partir de imágenes satelitales y de Street View. Así, «ven» caminos, pero también los detalles, como las señales de tráfico. A esto se suman datos de autoridades, es decir, datos que entidades como la United States Geological Survey o ayuntamientos ponen a disposición de Google. Sin embargo, todos estos datos no se quedan ahí sin más, el toque final se lo damos las personas. Por una parte, el equipo que emplea Google en todo el mundo para ir corrigiendo; por otra parte, los usuarios de la aplicación también participan a través del uso, las contribuciones y el feedback. Aun así, en la era de la inteligencia artificial, Google también emplea aprendizaje automatizado para que los mapas mejoren más rápidamente.

En lugares remotos, como muchos de los que visitamos, es más difícil mantener los mapas actualizados, e incluso pueden estar incompletos por no tener tantos datos a disposición. Por ello, un error muy común de Maps es que interpreta mal caminos rurales o senderos y nos muestra una ruta inviable para un coche, aunque los locales suban en moto por allí.

Mala interpretación de la topografía

Carretera principal en La Paz.

Como Google prioriza la distancia, también es común que acabemos en una calle demasiado empinada para un coche. Sobre todo, cuando nos encontramos a 3000 metros sobre el nivel del mar y el motor no tiene tanta potencia por falta de oxígeno. Justo entonces, además de estar en una calle empinada, siempre toca girar en una curva muy cerrada. A veces, misión imposible; así que, marcha atrás para abajo. Por lo general, esto ocurre en ciudades con mucho tráfico, como La Paz, la capital de Bolivia, o Cuzco, en Perú.

Según el gigante tecnológico, la topografía es un dato que influye en la creación de los mapas; no obstante, a nosotros nos ha llevado a más de un quebradero de cabeza y hemos acabado dudando de toda la tecnología.

Restaurantes que son talleres

Eso es otro tema que más bien tiene que ver con los usuarios de la aplicación. A diferencia de lugares muy transitados, en pueblos un poco más remotos, no conviene fiarse de las descripciones ni de las valoraciones (sobre todo, si son pocas). Lo mejor es mirar las fotos e interpretar lo que el dueño quería transmitir al añadir la ubicación. Así uno puede hacerse una idea del aspecto y, por ende, de la calidad de la comida (si son fotos suyas y no de la web), o si el camino es transitable o si de verdad se trata de un camping o un hotel.

Ya nos ha pasado que lo que estaba marcado como restaurante era un taller. Probablemente por estar desactualizada la información. O un garaje de Toyota acabó siendo una ruina con un daño en las tuberías y cientos de litros de agua saliendo del suelo. Nadie se había preocupado por marcar el lugar como cerrado. Por no hablar de reparar la rotura.

De lo que menos hay que fiarse son los horarios. Ya de por sí, los horarios que marcan en Sudamérica a menudo son indicativos y no imperativos; los de Google directamente suelen estar mal. Aquí no queda otra que adquirir experiencia, con el tiempo se sabe qué podría tener sentido y qué no.

Los problemas con este tipo de datos no son culpa del GPS, sino que los usuarios los completan mal o no los actualizan. Con el tiempo, esto hace que haya mucha información desactualizada en la aplicación.

y nos quedamos sin camino (Ecuador).
Autopista siendo construida por China hacia Machu Picchu.

Solución: experiencia y satélites

A pesar de todas las desventajas que tiene y de que nos haya hecho gastar mucho combustible, Maps sigue siendo una buena herramienta. Lo usamos mucho cuando tenemos conexión a Internet, aunque siempre con el mapa en tipo satélite activado. También existen otras aplicaciones como MapsMe que funciona bien sin conexión, o apps más locales como Waze (pertenece a Google). Pero, en realidad, da igual la aplicación, todas tienen los mismos problemas, así que nuestra conclusión aplica a todas.

Hemos aprendido a observar la ruta en su totalidad y a hacer zoom out, en particular cuando pasamos por zonas urbanas. Así reconocemos desvíos innecesarios que apartan de la calle principal para adentrarse por callecitas estrechas. Además, las señales de tráfico son muy importante, pero cuando no las hay, sobre todo las que indican vías únicas suelen faltar en algunos países, hay que fijarse en los coches aparcados o atreverse de vez en cuando a infringir la ley (mejor que no haya policía).

Al final lo importante es confiar en nuestros conocimientos de la región y compararlo con lo que nos cuentan los de allí. Y, sobre todo, a veces, más vale preguntar y darse la vuelta.


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