El español de Sudamérica y sus diferencias

En Sudamérica se habla español, ¿verdad?

El español es la lengua más hablada aquí, pero no la única. La región comprende trece países, en nueve de los cuales el español es la lengua oficial. Es más, el 90% de los hispanohablantes viven en América. Hay más idiomas: en Brasil se habla portugués, francés en Guayana Francesa, inglés en Guyana y neerlandés en Surinam. Sin embargo, que el español se hable en la mayoría de las regiones no significa que la gente se entienda en todas partes.

De Andalucía a América

A partir de 1492, la mayoría de los colonos europeos viajaron a Sudamérica a través de Andalucía. Los barcos zarpaban del puerto de Sevilla. Muchos adoptaron el español de Andalucía durante la espera y este aún se entreoye hoy en día.

Los colonos hablaban español entre ellos. Pero durante mucho tiempo no estaba asegurado que el español se impusiera. Las lenguas locales eran demasiado diferentes, ya que los indígenas obviamente tenían sus propias lenguas, y la comunicación entre autóctonos y colonos era difícil. En el siglo XIX, poco antes de la independencia de la corona española, solo 3 millones de los 14 millones de habitantes hablaban español, según Santiago Muñoz Machado (director de la Real Academia Española).

Cristobal Colón llega al nuevo mundo.
L. Prang & Co., Boston, Public domain, via Wikimedia Commons

Algunos sospechan que existía una especie de español criollo con el que los terratenientes se comunicaban con los indígenas. Pero los colonos estaban en la cúspide jerárquica y las autoridades estaban controladas por la corona española, lo que elevaba el estatus de los hispanohablantes. Además, la iglesia tenía una enorme influencia. Para poder comunicarse con los indígenas, los misioneros aprendieron rápido las lenguas indígenas e incluso crearon gramáticas. Al principio, también enseñaban usando las lenguas indígenas, pero tras los procesos de independencia, el español se convirtió en la lengua de enseñanza.

Las lenguas precolombinas eran muy diversas. Las grandes distancias, las difíciles condiciones de desplazamiento debidas a la geografía (altas montañas, selva y grandes ríos) dieron lugar a numerosas variantes. Muchas lenguas se perdieron, mientras que otras sobrevivieron y se siguen hablando hoy en día. En la actualidad, el Banco Mundial calcula que en América Latina se hablan 560 lenguas indígenas, y que el 20% de los pueblos indígenas ya han perdido su propia lengua.

Las más conocidas son el quechua (de donde proceden palabras como llama, coca, pampa), el aimara, el guaraní (anana) o, de la región del Caribe, el arahuaco-taíno (barbacoa, caimán, tabaco). De Centroamérica también se conocen el maya (cigarro, patatús) y el nahúa (cacao, tomate). Sin embargo, hay muchas otras lenguas pequeñas, sobre todo en la región amazónica – se dice que Brasil alberga 186 idiomas diferentes.

No hay lengua sin política

El idioma conecta, facilita la comunicación y también el control. La lengua es cultura, identidad e historia; crea comunidad. Por eso los conquistadores ponían hincapié en imponer una lengua común. Los incas unificaron el quechua y el aimara. Al tratarse de un imperio tan extenso, esta lengua sigue estando muy presente hoy en día en varios países andinos.

Las lenguas europeas fueron sustituyendo poco a poco a las lenguas indígenas, al menos hasta cierto punto. No fue hasta principios del siglo XXI cuando se hicieron los primeros esfuerzos por reforzar las lenguas indígenas. Los países socialistas recordaron sus raíces y la importancia de proteger su propia lengua. Por desgracia, a menudo eran las lenguas indígenas más habladas. En Bolivia, por ejemplo, aymara, quechua y guaraní, de un total de 36 lenguas. En Perú, el número de hablantes de quechua incluso pasó de 3,2 millones en 1992 a 3,8 en 2017. En Macas (Ecuador), en una comunidad indígena shuar, el cabeza de familia nos contó que aprendió el shuar de adulto porque estaba mal visto y la escuela se impartía en español. Hoy es una de las lenguas indígenas más importantes de Ecuador.

Sin embargo, muchas pequeñas comunidades lingüísticas están desapareciendo porque no suponen ninguna ventaja económica. Según el Banco Mundial, el 26% de las lenguas indígenas de Sudamérica están en peligro de extinción.

Cada región, su vocabulario

Español no es siempre español. Hay grandes diferencias. Conocimos a gente a la que no entendíamos porque no hablan español como lengua materna, sino que lo aprendieron en la escuela (que aquí no dura tantos años). Yo soy lingüista y estudié traducción de español, pero incluso ahí llegué a mis límites. Muchas palabras proceden del español antiguo, que quizá recordaba de cuando teníamos que leer a Cervantes o la Celestina. Además, usan palabras de su lengua indígena que no conocemos o estructuras a las que no estamos acostumbrados. Una pareja de ancianos en Paraguay únicamente hablaba guaraní en la familia, fue tan difícil entenderlos que era más fácil recurrir a los gestos.

Pequeña Bothrops. ©M. Schumacher
Nuestra neverita con pimiento.

Los nombres de animales y plantas son un ejemplo extremo y cambian radicalmente según la zona. He aquí unos ejemplos: la víbora lanceolada Bothrops se llama Equis en Ecuador, Jergón en Perú y Yarará en Bolivia.

Otro ejemplo del mundo vegetal. Al pimiento dulce le dicen pimiento, pimentón, locote, chile dulce o morrón. Al chili, le dicen rocoto, ají o chile. Depende de la región. En realidad hay distintas variedades de la planta, pero a menudo la gente sólo conoce una y es el nombre que usa para todos los tipos.

Otro ejemplo interesante son las piezas de los coches. Yo las conozco bajo un nombre, pero aquí casi siempre es distinto. A menudo busco sinónimos para los términos, por ejemplo, neumático, llanta, goma, caucho o rueda, y los digo todos. La otra persona suele reconocer al menos una de las palabras. Es verdad que el significado es ligeramente distinto, pero al final es lo que se usa.

También me he dado cuenta de que ceceo menos. Si diferencia entre la S y la Z, mucha gente no me entiende. Sobre todo cuando hablo con personas que tienen poco contacto con extranjeros. Aunque de alguna manera siempre consigues hacerte entender.

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